Un chinito con el manguaco de un centímetro (según él, por causa de un accidente), se operó en la China milenaria, donde los caperuzos del bisturí le injertaron otro guañaño de 10 cm donado por la familia de un martir con muerte cerebral (¿ven que todo sirve?).
La cosa es que la esposa chinita no se pudo recuperar de la impresión, y luego de dos semanas lo mandó a cortárselo de nuevo. 